¡North Carolina gana el March Madness de la NCAA!

Emoción hasta el final y poco más. El destino le devolvió a Roy Williams 364 días después el título que le había arrebatado en el último segundo de la final 2016. Los North Carolina Tar Heels (32-7) se impusieron a los Gonzaga Bulldogs (37-2) en un partido muy malo entre dos equipos muy buenos. Dos de los mejores del país; dos de los grandes. Dos equipos nerviosos que se vieron superados por las circunstancias (una mala decisión tras otra) y por un trío arbitral que cuajó una de las peores actuaciones que se recuerdan en la historia del deporte estadounidense: 44 faltas personales en los 40 minutos de juego de una final que se hizo eterna. Una final que deja sabor agridulce en boca de todos los que hemos vuelto a disfrutar de uno de los mejores torneos del mundo.

Del partido me quedo con la defensa de UNC sobre Karnowski (no existió en la primera parte entre pérdidas, faltas y fallos y solo tiro libres en la segunda), con la pelea de Hicks (13+9) y con las lágrimas de un Nigel Williams-Goss (15+9+6) que anotó ocho seguidos de los Zags antes de que una torcedura de tobillo le impidiera decidir al final. También con la dureza metal y física de un Joel Berry que dejó atrás un torneo flojo para levantar el MVP (22 puntos con problemas en los dos tobillos) y con el tercer título de un Roy Williams que sigue escalando en los libros de historia (es solo el sexto técnico que levanta un tercer campeonato y el primero que lo consigue tripitir en su alma mater).

Un encuentro decepcionante en general…

Desde la gran estrella hasta el trío arbitral, pasando por el juego y el lanzamiento (33% y 35% de acierto, los Tar Heels fallaron 23 triples…). El partido que decidió el título nacional 2017 dejó mucho que desear en casi todos los sentidos. Justin Jackson, Jugador del Año en la ACC que apunta a Top-15/20 del próximo draft, dejó su peor partido en ataque para el final. El alero, que defendió intensamente a Williams-Goss en un emparejamiento sorprendente y emocionante, falló los nueve triples que intentó en lo que se puede calificar como un ejercicio muy pobre en la toma de decisiones que no le ayudará en la lotería. No le acompañó el juego de su equipo ni tampoco el del rival.

Los Zags, por su parte, fallaron de todo en la segunda mitad y cometieron 10 pérdidas más que los campeones. Solo vieron luz en Zach Collins (nueve puntos, siete rebotes y tres tapones; acabó expulsado), un jovencísimo pívot que se abre paso a base de talento y cualidades físicas entre los más expertos, antes de que los árbitros decidieran acabar con un partido que nunca estuvo a la altura de las expectativas.

Silbatos y más silbatos (¡hasta 44 personales!). Dos números uno (seed 1) peleando en las trincheras sin continuidad alguna mientras el mundo pedía a gritos a los árbitros que, por favor, dejaran jugar a los chicos. Tiros libres, nervios y la emoción de un final igualado que salvó un partido que no pasará a la historia del baloncesto por su nivel de juego.

…pero un torneo genial

Aun así, marzo nos ha vuelto a dejar mucho más bueno que malo. Los últimos segundos del UNC-Kentucky (Luke Maye fue a clase el día siguiente), la caída del campeón (Villanova), el increíble viaje de South Carolina, los 39 de Fox… Nos vamos con un sabor entre agridulce y arbitral, pero contando ya los días para que vuelva a empezar un torneo que es francamente maravilloso y que cada año va a más. Vuelve pronto, marzo.

Fuente: as.com

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